Tú sí que vales!

Permíteme que te hable de tú. No por falta de respeto, sino porque lo que quiero contarte merece esa cercanía.

Tienes más de cincuenta años. Llevas toda la vida trabajando en hotelería, o en cualquier otro sector donde el esfuerzo físico y mental ha sido la moneda de cambio diaria. Has visto de todo. Has resuelto de todo. Y ahora, en el momento en que más sabes, el mercado laboral parece haberse olvidado de que existes.

Esto no es un artículo de autoayuda. No te voy a decir que «reinventes tu marca personal» ni que hagas un curso de LinkedIn. Te voy a hablar de lo que yo he vivido y de lo que veo cada día en este sector.

Cuando no mirabas el reloj

Yo empecé de camarero. Sin grandes estudios ni MBAs, etc., sin padrinos en el sector, sin un apellido que abriera puertas. Lo que tenía era energía, ganas y una claridad absoluta sobre lo que quería construir: una carrera, una vida, un proyecto.

En aquella etapa no mirabas el reloj porque no podías permitírtelo. Eran otros tiempos… La hipoteca no esperaba. El jefe tampoco. Había que demostrar cada día que merecías estar donde estabas, y un poco más arriba también. Así que te quedabas, te esforzabas, absorbías, aprendías. No porque alguien te lo pidiera, sino porque la vida misma te exigía ese ritmo.

Y funcionó. Llegaste a donde querías llegar. O muy cerca.

Lo que nadie te dice cuando cumples cincuenta

Pasan los años y algo cambia, como tiene que cambiar. La economía doméstica ya no es la angustia de antes. Los hijos han crecido. La hipoteca está más controlada. Y el cuerpo, que es muy sabio, empieza a pedir otro ritmo. El turno de doce horas que con treinta años era un reto, con cincuenta es un desgaste diferente. La operativa diaria de un hotel, con su intensidad, su ritmo y su exigencia física, se lleva de otra manera.

Eso no significa que hayas dejado de valer. Significa que has cambiado, que es exactamente lo que se supone que debía pasar.

El problema es que el mercado laboral no ha leído ese memo.

Lo que el mercado no sabe ver

Las empresas, y los hoteles en particular, tienen una tendencia muy marcada hacia los perfiles jóvenes. Son más baratos, tienen más energía aparente y, seamos honestos, son más moldeables. Se les puede formar desde cero según la cultura de la casa, sin que traigan criterio propio ni experiencia que cuestione las decisiones de arriba.

Eso tiene un valor para ciertas propiedades. Lo entiendo.

Lo que no entiendo, o más bien sí entiendo pero no comparto, es que ese criterio se haya convertido en el único. Que la experiencia acumulada durante treinta años de operativa real, de gestión de equipos bajo presión, de haber visto cómo funcionan los ciclos del sector, de haber cometido errores y aprendido de ellos sin que nadie te los explicara en un máster, cuente tan poco en el momento de tomar una decisión de contratación.

Ese conocimiento no está en ningún libro. No se aprende en dos años de práctica. Y sin embargo, el mercado lo descarta con una frase que ya todos conocemos: «buscamos un perfil más dinámico».

Lo que tú tienes que ellos no tienen

Tienes criterio. Y el criterio, cuando es real, no se improvisa.

Sabes cuándo una situación se va a complicar antes de que se complique. Sabes cómo hablar con un equipo cuando las cosas van mal sin que todo se derrumbe. Sabes qué batallas merece la pena dar y cuáles hay que dejar pasar. Sabes leer a las personas, porque llevas décadas haciéndolo.

Sabes, sobre todo, que la hotelería no es glamur. Es operativa, es servicio, es gestión de personas bajo presión y con escasos márgenes de error. Y eso lo sabes en la piel, no en la cabeza.

Eso vale mucho. Más de lo que el mercado está dispuesto a reconocer ahora mismo.

Entonces, ¿qué haces con todo eso?

No te voy a decir que el mercado va a cambiar de repente y que las empresas van a empezar a valorar la experiencia como se merece. Ojalá, pero no sería honesto prometértelo.

Lo que sí te digo es que hay opciones que quizás no has explorado del todo. La consultoría, la formación, el acompañamiento a equipos más jóvenes que necesitan exactamente lo que tú tienes. Proyectos propios, pequeños al principio, donde tu criterio es el activo principal. Colaboraciones con establecimientos que no necesitan a alguien a jornada completa pero sí a alguien que sepa lo que hace.

El mercado laboral tradicional puede que no te quiera como antes. Pero hay un mercado de la experiencia que está ahí, esperando a que decidas ocupar el espacio que te corresponde.

Tú vales mucho! Y ya es hora de que lo gestiones tú, no de que esperes a que otros lo descubran.


En JMfya trabajamos con profesionales y hoteles que entienden que la experiencia es un activo, no un lastre. Si quieres explorar cómo poner la tuya al servicio de un proyecto, escríbenos a info@jmfya.eu o contáctenos por WhatsApp.